Debajo de mi cama tengo otra cama, con su respectivo colchón sobre el viejo somier.
Si sacamos esta, además de notar el ambiente cerrado, aunque aromático al mezclarse con el olor de mí habitación, podemos percibir debajo como el polvo vuela en el ambiente; las pelusas saltan de un lado a otro; y la fría oscuridad nos adentra en unas tenebrosas tinieblas. También se puede ver el suave parqué con algún estridente arañazo de mover la cama, y al fondo la pared áspera y blanca. Además he descubierto una fotografía de hace tiempo, que me ha traído deliciosos recuerdos, con la chincheta que la sujetaba jugando alrededor, la cual supongo que hace tiempo se cayó sin que me diera cuenta. El resto de cosas que hay debajo de mi cama son pelusas redondas que corren y bailan silenciosas debajo de mí cama a veces amenizadas por el zumbador sonido de un mosquito o por algún otro ruido escandaloso que llega de la calle.
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